Las playas de la eternidad

En la eternidad hay infinitos universos, con cantidades ingentes de mundos, de enormes mares, que bañan a muchísimas playas con innumerables montones de arena cuyos granos, entre los que me encuentro yo, fantasean al capricho de la brisa. No hay reloj en la eternidad, pero si lo hubiera, el tiempo se detendría en mi playa, al mirar el Niño Dios la arena... Contengo el aliento cuando el Niño Dios hunde sus manos en ella sabiendo que me acaricia, feliz, mientras permite que me deslice entre sus dedos. Pero más feliz, muchísimo más, me siento yo. El tiene infinitos universos con ingentes mundos de enormes mares, que bañan muchísimas playas con innumerables montones de arena para jugar..., pero yo le doy sentido a todo. Sin mi, ya no sería igual, ni mi montón de arena, ni mi playa, ni el mar, ni el mundo que forma parte de uno de los infinitos universos de la eternidad. Al Niño Dios le faltaría algo y estaría triste, y con Él su Padre y mi adorada Madre. Soy un microscópicamente valioso, compañero de destino de un puñado entero, de la arena del Universo que me ha tocado vivir. Para tener el honor de ser brillante corpúsculo de arena de esa celestial playa, he vivido mil vidas, con mil pruebas en cada una, que me han hecho digno de brillar como uno más, en esta ensenada. Por eso estoy aquí. Es mi oportunidad de que, si con audaz paciencia espero a que el Niño Dios elija mi universo, mi mundo, mi mar, mi playa..., después, con un poco de suerte, juegue con mi montón de arena. Si no es así, tendré que esperar con paz y ciencia varias eternidades más, a que el Niño Dios, vuelva a mi Universo, a mi mundo, a mi mar y a mi tranquila cala..., para verme, escucharme, observarme... y jugar conmigo. Entonces conoceré la felicidad. Altamira, 7 de agosto de 2011 Luis Abad

Hola Luis, empezó muy poético este ensueño con el simil tan hermoso de ser un grano de arena que contiene él aliento por estar feliz cuando el el Niño Dios juega en tu playa.

Pero una cosa creo diferente y es que nosotros somos los que tenemos la libertad de entregar a Dios nuestro Universo, nuestro todo... EL siempre respetará ese libre albedrío del que desde el principio de los tiempos nos dotó. No creo que tengamos que esperar a que el Niño Dios venga a nuestrro mundo, sino que lo que espera y tan pacientemente, es que nosotros le pidamos que llene nuestra vida de su plenitud, que sepamos ser ese grano...sí, pero de Su Voluntad, de Su Esencia, es más... creo que está deseando darnos a conocer ya aqui con EL, la felicidad para la que hemos sido creados. Es mi humilde opinión.

Un abrazo!

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